25 may. 2010

La mazmorra del 25

Ayer a la tardecita me llama Paula:─ Hola Vero, voy a la inauguración del Colón ¿querés venir?
─ Gracias Paula, pero si mañana el día está lindo prefiero ir mañana., todavía de la bronquitis no me siento bien y si empieza a llover me voy a terminar muriendo...

Hoy a la mañana salió el sol del veinticinco. Lindo día, casi casi, un día Peronista.
Se levanta Fede y me cuenta lo lindo que estuvo anoche el Obelisco. Le comento que tenía pensado ir a la tardecita, (por esa tara que me entró de pensar que si mi bisabuela había estado en 1910, yo tenía que seguir la tradición y estar ahí, paradita como hace cien años lo hizo ella cuando llegó de Valparaíso, sobre la Av. de Mayo mirando el desfile, (sospecho que mi tatara-tatarabuelo llegó a América con Pedro de Valdivia, pero esa es otra historia, hoy estamos a 25 de mayo de 2010).
─ Vamos─. Dice Fede.


Después de almorzar para allá nos fuimos, en remis nos fuimos, aunque Fede (usuario del cotobus-gratarola) quería viajar en bondi porque hoy era gratis.
─¡Fede no rompás las pelotas! pedí un remís.
Por supuesto que siendo nosotros unos simples habitantes de la zona medio-pelo-venida-a-menos-del-sur, el remisero nos alcanzó hasta la 9 de Julio y San Juan. "hasta acá llegó mi coche". Le pago y nos bajamos.
Apenas descendí del coche un moncho me encara y me manga un pucho. Justo había sacado el paquete de cigarrillos del bolsillo y lo estaba guardando en la campera. No le iba a venir a decir que no. Él es argentino también, colaboremos con su cáncer.
Entramos a caminar. Me sentía como dentro de una manifestación piquetera, te juro.
Una cuadra, dos, tres, hasta Av. Independencia el panorama era de gente caminando hacia el Obelisco. De ahí en adelante se empezaron a ver los carritos de choripanes, los puestitos de pochoclos, un par de garrafas con hornallitas, y encima ollas repletas de grasa donde hacían unas tortas fritas informes, amasadas a la que te criaste... panchos, flores, escarapelas, silbatos con forma de pajarito, globos, banderitas, más choripanes, más panchos, palito-bombón-heladoooo. Todos los vendedores ambulantes estaban haciéndose su agosto, bueh! su mayo.
Vi pasar a los de la Cámpora, cuatro locos y dieciséis banderas.

Luego empezaban los stands de las provincias y ahí se nos complicaba un poco más caminar, la cosa era como de Shopping recién inaugurado.
Fede dice: ─ Te invito a comer unas empanadas salteñas. Ok. Llegamos al stand de Salta y un cartelito rezaba "No hay ni habrá empanadas". A la merde, se vendieron todo...

A la altura de Av. Belgrano ya era un quilombo. Una marea humana que te llevaba y te traía, pisotones y toqueteadas mediante, ¡con decirte que caminé dos cuadras mientras alguien me agarraba de la cintura y me llevada hacia adelante! nunca supe quién fue, siquiera podía darme vuelta. Me sentía como mascarón de proa rompiendo las olas.

Un escenario! un escenario!! ahí está cantando Lito Nebbia! ¿el hijo de puta debe estar cantando desde el viernes a la noche? por supuesto y tratando de consevar el espíritu patriótico me canté a grito pelado "solo se trata de vivir" y "la balsa". Total ya estaba ahí y no me podía mover ¿qué iba a hacer?

La marea seguía, dos cuadras faltaban para llegar al Obelisco. sólo dos cuadras ¿podés creer que no llegué? A todo esto, en medio de la avalancha, porque ya era avalancha, Fede me quería explicar su teoría del caos-ordenado y yo retrucándole que a ver en dónde él veía algo ordenado. Fede insistía con que yo no lo veía porque estaba dentro del caos. Sí, de eso me daba cuenta ¡carajo!...
A la altura de Perón dije basta: ─Fede, vámonos a la mierda, esto es imposible.
─ Sí, vámonos, no puedo creer lo que es hoy, nada que ver con anoche...

A los empujones salimos a Cerrito decididos a tomarnos el raje. Vinimos en remís vámonos en taxi o en bondi, empezamos a caminar por Av. Corrientes hacia Callao, ¡¡la de gente que iba para el Obelisco!! por Dios!!
Llegamos a Av. Callao... taxis no había. caminemos otras dos cuadras y vamos a la parada del 24...
Diez, veinte, cuarenta minutos y no aparecía un 24 ni de milagro. ¡¡De Vido y la reputa madre que te parió!! ¡¡vos y tu boleto gratis, pedazo de pelotudo!!!
Boleto gratis = no hay colectivos. Tardé cuarenta minutos en darme cuenta, la puta maaaaadre....
A todo esto parando cuanto taxi libre pasara, "¿vas hasta Avellaneda?" "No, está todo cortado..." carajooooo.... al último tachero cuando me dijo que no, le dije: ─Bueno, sacanos de acá, elegí, estación Once o Retiro...
El taxi nos dejó en Once.
─ El 98, Fede! nos tomamos el 98!! ─Y allá corrimos ilusos hasta la parada... otros cuarenta y cinco minutos de espera... ¿pa' qué apurarnos?

Llega un 98 pero el que no hacía el recorrido para acercarnos hasta casa, no importa, si va hasta Avellaneda está perfecto... y ahí nos trepamos. Apelotonados, bien apelotonados y parados.
Uno que estaba sentado debajo mío me dio el placer de sacarse los mocos con la uña del meñique desde Once hasta Avellaneda y hacía pelotitas. Preferí no mirar hacia dónde las arrojaba.
Uno de los pasajeros iba puteando a su mujer, que tenía una criatura en brazos, porque lo había traído a semejante quilombo. "¿no entendés que esto es para verlo por la tele?" "para pasar lo que pasamos nos quedábamos en casa" La mujer algo le contestaría en voz baja, porque el tipo levantaba presión y le largaba "no me contestés porque llego a casa y te fajo" se ve que estaba nervioso. Así somos los del sur, arreglamos todo a los bollos.
En Avellaneda literalmente nos tiramos del colectivo.
Ya estoy en casa. sanos y salvos gracias a Dios.
Ahora te digo, al próximo centenario no voy una mierda...

©Verito

9 may. 2010

El país de los coimeros

Es así, vivo en un país que está de culo y lleno de coimeros, es así.

Resulta que al insufrible se le venció el registro de conducir mientras estaba internado, y la verdad que después del infarto no estaba para manejar, la verdad que no, pero empezó a romper con que tenía que renovarlo, que sí o sí tenía que tener el registro... y allá se fue a hacerlo.
Lo acompañó mi sobrino, que iba pensando en que seguro no se lo daban.

La cuestión que le toman la prueba de manejo y la dio tan mal que hasta tuvieron que sacarle un cono de abajo del auto porque se lo había llevado puesto.
El que le tomó la prueba empezó con que no le iba a dar el registro, que desaprobó el exámen, que de ninguna manera... hasta que el insufrible le desliza en la mano un billete de veinte pesos. ¡veinte pesos!
Y le dieron el registro.

Me llama mi sobrino:─ Vero ¿podés creer que se los coimeó con 20 pesos y ahora le están dando el registro?
─ Sí, si te creo─. Corto. Me quedo pensando que si yo tengo que ir a sacar el registro y toco con el paragolpes un sólo cono y luego no le deslizo un billete, seguro me pide que le muestre la bombacha. Estamos en el país del revés. Chicas, si no los coimeamos habrá que empezar a mostrar las tetas y prescindir de la lingerie.

Ahí está ahora, ya le bajó el paragolpes al auto y le rompió la óptica derecha, ¡pero menos mal que tiene registro!

©Vero amotinada