14 mar. 2010

Tengo un muerto en la oficina!

Estaba en la oficina y resulta que viene Paula y pregunta a todos:
─ Che! ¿qué es esa caja que está detrás del sillon adentro de una bolsa?

Salta el viejo y contesta:─ Dejala ahí, son las cenizas del marido de tía Cuca...
Paula y yo nos miramos estupefactas.
─ ¿Y qué mierda hacés con las cenizas de un muerto acá?
─ Dejala ahí, pensé en llevarlas a Punta Indio...
─ Pero decime─ Plantea Pau─. ¿Vos pensás hacer un cementerio en el terreno? ya están las cenizas de cinco muertos allá ¿pensás llevar a todos tus parientes? ¿qué tiene que ver las cenizas de nuestros abuelos con la de este tipo que no lo conocía nadie?
(Es cierto, será el marido de Cuca, una tía lejana del viejo que nosotros en la puta vida hemos visto y menos imaginamos quién era su esposo).
─Tirá esas cenizas a la mierrrrda─ ordena Pau ─. ¡Sacá al muerto de atrás del sillón!
─¡Dejá la caja ahí!.
─¡Noooo!─. Digo yo─ Dejá que hago un esmalte de cenizas para cerámica─. Lo miro al viejo y continúo─ dame las cenizas que hago un lindo jarrón y se lo llevás a Cuca, al menos el muerto queda de adorno... a Cuca le va a gustar....
(Todo sea por experimentar con cenizas y esmaltes en cerámica).
Pau nos mira esperando respuesta.
─ No, no, no ─ responde el viejo, espantando mi idea macabra de su cabeza.
─¡En Punta Indio no entran más muertos!─ exclama Paula. ─Vero, ¡tirá esa caja!
─ ¡Dejá esa caja ahí!

Estamos todos locos.

©Verito

4 mar. 2010

La cuadra de los postes

Por mi barrio hay una calle a la que le digo la "Cuadra de los Postes", ni un mísero arbolito (los podaron a causa de su ensanchamiento ocurrido hace ya años cuando la hicieron avenida). Es una cuadra de la Avenida Belgrano, la avenida de las veredas angostas.
Esos serán los costos del progreso... no se.
Que hay más autos, es cierto. Que esa era una calle bien pacífica y ahora es una calle ruidosa, también es cierto. Que los vecinos no pueden poner el la vereda siquiera una macetita con un cactus a causa de su angostura, es verdaderamente cierto.

La cuestión que algunas empresas se la rebuscaron y en vez de arbolitos plantaron postes. Si, sí, postes. Hay postes de luz, de teléfonos, de empresas de videocables que compiten entre si...
Un día vinieron y plantaron tres postes, otro día plantaron cuatro, otro unos cinco postes, otros dos más tarde y así, de a poquito, como para que los vecinos se vayan acostumbrando al paisaje.

Entonces vos caminás por esa calle, ahora devenida en avenida y ves unos treinta, cuarenta postes con un berenjenal de cables allá arriba. Todos entrecruzados y todos pendiendo peligrosamente de nuestras cabezas como espadas de Damocles. Y todo eso apelotonado en unos cien metros.

Entonces de golpe entendés lo que hizo Cacciatore con la ciudad de Buenos Aires allá lejos y hace tiempo, cuando un día hizo mandar a soterrar todo el cableado de la ciudad en un ataque de locura. Ahora las veredas de Buenos Aires estarán para el joraca con tanto rompe y arregla, pero al menos por muchos años no se vieron esas telarañas de cables que ahora, y con la mejor cara de boludos, empezaron a poner de nuevo.

Quiero una calle con árboles. Ése es el costo del progreso para mí: cables soterrados y árboles de verdad en las veredas.
¿Será mucho pedir?

© Vero