27 dic. 2010

Navidad a la luz de las velas

23 de diciembre.
Un calorrrrr, pero un calorrrrr... vuelvo de trabajar y ups! no hay luz en casa. La perra que había quedado durmiendo delante del ventilador me miraba con  los ojos desorbitados y tres metros de lengua afuera, casi sin saludarme se fue al zaguán y se despatarra con la panza pegada al suelo.
Ahí nomás me sumergí en la ducha pensando en el corte nuestro de cada día. Menos mal que al menos hay agua.
Viste que una ante las adversidades se pone optimista y piensa: Enseguidita volverá, andá a saber a la hora que la cortaron... desde que empezó diciembre hay cortes de dos, tres, cuatro horas... como en la época de Alfonsín, te acordás?... ya va a volver...
Salgo de la ducha y así empapada como estaba me tiro en la cama... calientes estaban las sábanas... imposible... salto y me voy al patio, agarro la manguera y empiezo a jugar con agua, riego las plantas, mojo las paredes, a ver si algo mejora...
Me voy a hacer unos mates y ups! la pava es eléctrica. Caliento agua en una lecherita. Menos mal que hay gas.
Llega la hora de la cena y sin luz no me voy a venir a poner a cocinar, mejor llamo a la pizzería... agarro el teléfono y ups! es el inalámbrico. No anda sin electricidad...andá a saber adónde fue a parar el teléfono pedorro que me dio telefónica... menos mal que tengo celular.
Eran las diez, once, las doce de la noche y la luz bien gracias. Antes habíamos cenado pizza a las velas.
Trato de leer. Entre mis lentes y la vela no hay mucho que hacer, así que aburrida, con ventanas y puertas abiertas me fui a dormir. Apenas me acuesto escucho el ruido de una turbina que me pasa rozando el oído, ups! la puta madre con los mosquitos.... Me imaginé mirando confusa una tableta de fuyí vape todavía envuelta en celofán y largué la carcajada. A estas alturas ya no sé si es insolación, histeria o risa genuina. Me tapo la cabeza con la sábana, los mosquitos se cagaran picándome, pero al menos no los escucho. Mañana compro off.

24 de diciembre.
No sé por qué le vine a decir a mi cuñada que hacía los piononos, no sé. Está bien que es una pavada hacer la masa si una tiene electricidad para usar la batidora ¿pero a mano? eran las dos de la tarde y sin entrar en crisis pero jugadísima llamo al rotisero: "¡Qué decís Gallega!" "Rúben! tenés que salvarme, desde ayer que no tengo luz, decime que algo te quedó!", piensa un rato y me dice "un pollito te puedo mandar, pero nada más Gallega, es lo que me queda"... "dale, hecho, peor es nada".
El pollo parecía una paloma de Plaza de Mayo... este Ruben, menos mal que me dijo pollito... era cierto nomás...y bueh!... "Pero Vero!", me dije, "que dos docenas de huevos no te amilanen!! batilos y dejate de dar vueltas!"... y ahí me puse a batir huevos a mano como una condenada. 
Tan horripilantes al final no salieron esos piononos, con el relleno y el decorado disimulaban.
Y a los pedos salimos para lo de mi cuñada.

Eramos veintidós a la mesa, y todos y cada uno de ellos eran mis personas más queridas. Mientras los adolescentes se tiraban a la pileta para refrescarse, los grandes la pasamos entre charlas distendidas y jocosas a la luz de las velas. Y estuvo bueno. Al fin y al cabo era Navidad. 

Mañana seguiré puteando al gobierno.

©Vero.

27 nov. 2010

Recomendados

Una serie de artículos publicados entre 1961 y 1964, algunos de Ayn Rand y otros de Nathaniel Branden.
Si algo quedaba en el tintero luego de leer Atlas Shrugged aquí se despejan las dudas y se allana el camino para abrir conceptos nuevos. Vale leerlo.

1 oct. 2010

Y no me gusta

La verdad... la verdad verdadera... a mi esta mina me asusta, con una granada en la mano y un poco de garantizada inimputabilidad no sé que sería capaz de hacer. La escuchaba arengando a tomar el Palacio de Justicia y destituir a la corte y se me paraban los pelos de la nuca... y eso que ni me importa quién joraca es juez hoy y quien será juez mañana, no... eso no es lo que me preocupa, porque al fin y al cabo los hombres pasan y las instituciones quedan. Siempre es así, pueden quedar desafectadas por un tiempo, pero las instituciones tienen la capacidad de regenerarse y resurgir, quizás mutando un poco aquí o allá, pero siguen estando. 
A mí me preocupa la mina que creo que está chiflada, tanta sed de venganza y odio la deben haber trastornado. Y más, pero mucho más me preocupan los que la escuchan...
Instantaneamente recordé una Nota de Pilar Rahola que había leído hacía unos años atrás en el diario El País... tenía guardado el link en mis favoritos y dudé por un instante si hablaba de la misma persona... no, no era quien ese día se sentó junto a la Rahola en la mesa de Mirtha Legrand, pero están cortadas por la misma tijera y  nombra a Hebe y su Viva ETA! quizás en la mejor definición de lo que nos pasa.
¿Y saben qué quiero? quiero un plebiscito, ¡como hizo el Pepe en Uruguay!, que el pueblo decida si de una vez entierra a sus muertos o sigue con el cuchillo apretado entre los dientes pidiendo venganza... Eso quiero, quiero elegir, quiero escuchar y acatar lo que la mayoría de nosotros quiera... que seguramente no es lo mismo que quiere Hebe.
Vero.

25 may. 2010

La mazmorra del 25

Ayer a la tardecita me llama Paula:─ Hola Vero, voy a la inauguración del Colón ¿querés venir?
─ Gracias Paula, pero si mañana el día está lindo prefiero ir mañana., todavía de la bronquitis no me siento bien y si empieza a llover me voy a terminar muriendo...

Hoy a la mañana salió el sol del veinticinco. Lindo día, casi casi, un día Peronista.
Se levanta Fede y me cuenta lo lindo que estuvo anoche el Obelisco. Le comento que tenía pensado ir a la tardecita, (por esa tara que me entró de pensar que si mi bisabuela había estado en 1910, yo tenía que seguir la tradición y estar ahí, paradita como hace cien años lo hizo ella cuando llegó de Valparaíso, sobre la Av. de Mayo mirando el desfile, (sospecho que mi tatara-tatarabuelo llegó a América con Pedro de Valdivia, pero esa es otra historia, hoy estamos a 25 de mayo de 2010).
─ Vamos─. Dice Fede.


Después de almorzar para allá nos fuimos, en remis nos fuimos, aunque Fede (usuario del cotobus-gratarola) quería viajar en bondi porque hoy era gratis.
─¡Fede no rompás las pelotas! pedí un remís.
Por supuesto que siendo nosotros unos simples habitantes de la zona medio-pelo-venida-a-menos-del-sur, el remisero nos alcanzó hasta la 9 de Julio y San Juan. "hasta acá llegó mi coche". Le pago y nos bajamos.
Apenas descendí del coche un moncho me encara y me manga un pucho. Justo había sacado el paquete de cigarrillos del bolsillo y lo estaba guardando en la campera. No le iba a venir a decir que no. Él es argentino también, colaboremos con su cáncer.
Entramos a caminar. Me sentía como dentro de una manifestación piquetera, te juro.
Una cuadra, dos, tres, hasta Av. Independencia el panorama era de gente caminando hacia el Obelisco. De ahí en adelante se empezaron a ver los carritos de choripanes, los puestitos de pochoclos, un par de garrafas con hornallitas, y encima ollas repletas de grasa donde hacían unas tortas fritas informes, amasadas a la que te criaste... panchos, flores, escarapelas, silbatos con forma de pajarito, globos, banderitas, más choripanes, más panchos, palito-bombón-heladoooo. Todos los vendedores ambulantes estaban haciéndose su agosto, bueh! su mayo.
Vi pasar a los de la Cámpora, cuatro locos y dieciséis banderas.

Luego empezaban los stands de las provincias y ahí se nos complicaba un poco más caminar, la cosa era como de Shopping recién inaugurado.
Fede dice: ─ Te invito a comer unas empanadas salteñas. Ok. Llegamos al stand de Salta y un cartelito rezaba "No hay ni habrá empanadas". A la merde, se vendieron todo...

A la altura de Av. Belgrano ya era un quilombo. Una marea humana que te llevaba y te traía, pisotones y toqueteadas mediante, ¡con decirte que caminé dos cuadras mientras alguien me agarraba de la cintura y me llevada hacia adelante! nunca supe quién fue, siquiera podía darme vuelta. Me sentía como mascarón de proa rompiendo las olas.

Un escenario! un escenario!! ahí está cantando Lito Nebbia! ¿el hijo de puta debe estar cantando desde el viernes a la noche? por supuesto y tratando de consevar el espíritu patriótico me canté a grito pelado "solo se trata de vivir" y "la balsa". Total ya estaba ahí y no me podía mover ¿qué iba a hacer?

La marea seguía, dos cuadras faltaban para llegar al Obelisco. sólo dos cuadras ¿podés creer que no llegué? A todo esto, en medio de la avalancha, porque ya era avalancha, Fede me quería explicar su teoría del caos-ordenado y yo retrucándole que a ver en dónde él veía algo ordenado. Fede insistía con que yo no lo veía porque estaba dentro del caos. Sí, de eso me daba cuenta ¡carajo!...
A la altura de Perón dije basta: ─Fede, vámonos a la mierda, esto es imposible.
─ Sí, vámonos, no puedo creer lo que es hoy, nada que ver con anoche...

A los empujones salimos a Cerrito decididos a tomarnos el raje. Vinimos en remís vámonos en taxi o en bondi, empezamos a caminar por Av. Corrientes hacia Callao, ¡¡la de gente que iba para el Obelisco!! por Dios!!
Llegamos a Av. Callao... taxis no había. caminemos otras dos cuadras y vamos a la parada del 24...
Diez, veinte, cuarenta minutos y no aparecía un 24 ni de milagro. ¡¡De Vido y la reputa madre que te parió!! ¡¡vos y tu boleto gratis, pedazo de pelotudo!!!
Boleto gratis = no hay colectivos. Tardé cuarenta minutos en darme cuenta, la puta maaaaadre....
A todo esto parando cuanto taxi libre pasara, "¿vas hasta Avellaneda?" "No, está todo cortado..." carajooooo.... al último tachero cuando me dijo que no, le dije: ─Bueno, sacanos de acá, elegí, estación Once o Retiro...
El taxi nos dejó en Once.
─ El 98, Fede! nos tomamos el 98!! ─Y allá corrimos ilusos hasta la parada... otros cuarenta y cinco minutos de espera... ¿pa' qué apurarnos?

Llega un 98 pero el que no hacía el recorrido para acercarnos hasta casa, no importa, si va hasta Avellaneda está perfecto... y ahí nos trepamos. Apelotonados, bien apelotonados y parados.
Uno que estaba sentado debajo mío me dio el placer de sacarse los mocos con la uña del meñique desde Once hasta Avellaneda y hacía pelotitas. Preferí no mirar hacia dónde las arrojaba.
Uno de los pasajeros iba puteando a su mujer, que tenía una criatura en brazos, porque lo había traído a semejante quilombo. "¿no entendés que esto es para verlo por la tele?" "para pasar lo que pasamos nos quedábamos en casa" La mujer algo le contestaría en voz baja, porque el tipo levantaba presión y le largaba "no me contestés porque llego a casa y te fajo" se ve que estaba nervioso. Así somos los del sur, arreglamos todo a los bollos.
En Avellaneda literalmente nos tiramos del colectivo.
Ya estoy en casa. sanos y salvos gracias a Dios.
Ahora te digo, al próximo centenario no voy una mierda...

©Verito

9 may. 2010

El país de los coimeros

Es así, vivo en un país que está de culo y lleno de coimeros, es así.

Resulta que al insufrible se le venció el registro de conducir mientras estaba internado, y la verdad que después del infarto no estaba para manejar, la verdad que no, pero empezó a romper con que tenía que renovarlo, que sí o sí tenía que tener el registro... y allá se fue a hacerlo.
Lo acompañó mi sobrino, que iba pensando en que seguro no se lo daban.

La cuestión que le toman la prueba de manejo y la dio tan mal que hasta tuvieron que sacarle un cono de abajo del auto porque se lo había llevado puesto.
El que le tomó la prueba empezó con que no le iba a dar el registro, que desaprobó el exámen, que de ninguna manera... hasta que el insufrible le desliza en la mano un billete de veinte pesos. ¡veinte pesos!
Y le dieron el registro.

Me llama mi sobrino:─ Vero ¿podés creer que se los coimeó con 20 pesos y ahora le están dando el registro?
─ Sí, si te creo─. Corto. Me quedo pensando que si yo tengo que ir a sacar el registro y toco con el paragolpes un sólo cono y luego no le deslizo un billete, seguro me pide que le muestre la bombacha. Estamos en el país del revés. Chicas, si no los coimeamos habrá que empezar a mostrar las tetas y prescindir de la lingerie.

Ahí está ahora, ya le bajó el paragolpes al auto y le rompió la óptica derecha, ¡pero menos mal que tiene registro!

©Vero amotinada

14 mar. 2010

Tengo un muerto en la oficina!

Estaba en la oficina y resulta que viene Paula y pregunta a todos:
─ Che! ¿qué es esa caja que está detrás del sillon adentro de una bolsa?

Salta el viejo y contesta:─ Dejala ahí, son las cenizas del marido de tía Cuca...
Paula y yo nos miramos estupefactas.
─ ¿Y qué mierda hacés con las cenizas de un muerto acá?
─ Dejala ahí, pensé en llevarlas a Punta Indio...
─ Pero decime─ Plantea Pau─. ¿Vos pensás hacer un cementerio en el terreno? ya están las cenizas de cinco muertos allá ¿pensás llevar a todos tus parientes? ¿qué tiene que ver las cenizas de nuestros abuelos con la de este tipo que no lo conocía nadie?
(Es cierto, será el marido de Cuca, una tía lejana del viejo que nosotros en la puta vida hemos visto y menos imaginamos quién era su esposo).
─Tirá esas cenizas a la mierrrrda─ ordena Pau ─. ¡Sacá al muerto de atrás del sillón!
─¡Dejá la caja ahí!.
─¡Noooo!─. Digo yo─ Dejá que hago un esmalte de cenizas para cerámica─. Lo miro al viejo y continúo─ dame las cenizas que hago un lindo jarrón y se lo llevás a Cuca, al menos el muerto queda de adorno... a Cuca le va a gustar....
(Todo sea por experimentar con cenizas y esmaltes en cerámica).
Pau nos mira esperando respuesta.
─ No, no, no ─ responde el viejo, espantando mi idea macabra de su cabeza.
─¡En Punta Indio no entran más muertos!─ exclama Paula. ─Vero, ¡tirá esa caja!
─ ¡Dejá esa caja ahí!

Estamos todos locos.

©Verito

4 mar. 2010

La cuadra de los postes

Por mi barrio hay una calle a la que le digo la "Cuadra de los Postes", ni un mísero arbolito (los podaron a causa de su ensanchamiento ocurrido hace ya años cuando la hicieron avenida). Es una cuadra de la Avenida Belgrano, la avenida de las veredas angostas.
Esos serán los costos del progreso... no se.
Que hay más autos, es cierto. Que esa era una calle bien pacífica y ahora es una calle ruidosa, también es cierto. Que los vecinos no pueden poner el la vereda siquiera una macetita con un cactus a causa de su angostura, es verdaderamente cierto.

La cuestión que algunas empresas se la rebuscaron y en vez de arbolitos plantaron postes. Si, sí, postes. Hay postes de luz, de teléfonos, de empresas de videocables que compiten entre si...
Un día vinieron y plantaron tres postes, otro día plantaron cuatro, otro unos cinco postes, otros dos más tarde y así, de a poquito, como para que los vecinos se vayan acostumbrando al paisaje.

Entonces vos caminás por esa calle, ahora devenida en avenida y ves unos treinta, cuarenta postes con un berenjenal de cables allá arriba. Todos entrecruzados y todos pendiendo peligrosamente de nuestras cabezas como espadas de Damocles. Y todo eso apelotonado en unos cien metros.

Entonces de golpe entendés lo que hizo Cacciatore con la ciudad de Buenos Aires allá lejos y hace tiempo, cuando un día hizo mandar a soterrar todo el cableado de la ciudad en un ataque de locura. Ahora las veredas de Buenos Aires estarán para el joraca con tanto rompe y arregla, pero al menos por muchos años no se vieron esas telarañas de cables que ahora, y con la mejor cara de boludos, empezaron a poner de nuevo.

Quiero una calle con árboles. Ése es el costo del progreso para mí: cables soterrados y árboles de verdad en las veredas.
¿Será mucho pedir?

© Vero

21 feb. 2010

Memorias del viejo

Hace muchos años en Cañuelas, un pueblito de la provincia de Buenos Aires (en ese entonces era un pueblo) funcionaba la única empresa que fabricaba placas radiográficas de Sudamérica, abastecía a hospitales, clínicas e incluso exportaba dichas placas a países vecinos.
64 empleados. En ese entonces, para un municipio que no llegaba a los 15.000 habitantes (muchos de ellos rurales y que vivían de la industria láctea) 64 familias vivían de esa fábrica. Nada mal dentro de todo. Y andaba bien. Podríamos decir que era una empresa floreciente. Prometedora.
Claro, una fábrica en donde se trabajaba casi a oscuras, ¡si era un gran laboratorio fotográfico!

Y se metió el sindicato. Paros, conciliaciones, vuelta al paro, vuelta a la fábrica, otro paro… y así. Por mejoras salariales, las condiciones laborales, que horas extras, que no horas extras, que la oscuridad, un sinfín de reclamos. Un año más o menos de conflictos. Las entregas que no se cumplían a tiempo, los clientes que se quejaban.
Al dueño, un alemán grandote y pelirrojo lo tenían loco los del sindicato.

Un día, en uno de esos paros, en que los del sindicato y el dueño llegaron a un acuerdo, era un aumento por las horas extras trabajadas o algo parecido, ahora no lo recuerdo muy bien, pero era algo que se podía haber hablado sin llegar a parar la fábrica.
Al final, cuando se levantan de la mesa, el dueño les dice a los dos delegados: ─ Esta es la última.
Los dos delegados lo miran socarronamente y le dicen─ ¿La última? Eso vamos a verlo…
Y se marcharon burlándose por lo bajo y codeándose entre ellos.

Al mes otro paro, el alemán desahuciado les pregunta: ─ ¿Y ahora por qué?
─ Con usted no es nada jefe, el paro es para solidarizarnos con los trabajadores de La Martona (una lechería que se fundió también hace años)
─¿Y qué tenemos que ver nosotros con La Martona?
─ Imagínese jefe, tenemos que solidarizarnos…─ Y se marcharon parando la fábrica.

Ese mismo día, a las 17:50, diez minutos antes de que cerrara el correo salieron de la fábrica 64 telegramas de despido.
Se indemnizó a cada uno de ellos. En menos de una semana fue desmontada la fábrica y el alemán se esfumó de la historia de Cañuelas. Dijeron al tiempo que se había establecido en Brasil, pero vaya uno a saber si es cierto.

Hoy pasas por ruta 3 y la 205 y vas a ver un tenedor libre abandonado que se llama "El castillo”, eso era la fábrica, o lo que quedó de ella. Al principio eran paredones, después que cerró, un día le abrieron esas aberturas que tiene ahora y creo que pusieron una usina láctea, pero tampoco prosperó.

Lo miré unos segundos en silencio y al fin exclamé ─¡a la flauta! ¡este alemán se mandó la Rebelión de Atlas solito!
─¿Qué?
─ Nada, nada.

9 feb. 2010

Estas cosas son las que quiero ver

Resulta que el lunes Fede me dice: ─Má, ¿me acompañás al hospital? tengo este bultito en el cuello desde hace una semana y hoy amaneció más hinchado...
─Es un ganglio Fede, o tenés una muela cariada o estuviste a punto de pegarte una angina, pero si vas a estar más tranquilo te acompaño.
Y allá nos fuimos. Al Hospital Interzonal de Agudos Presidente Perón (ex Dr. Finochietto).
Entramos a la guardia y nos sorprende todo un chaperío, como que la cosa estaba en plena obra edilicia. Le pregunto al de seguridad y me dice que la guardia ahora está del otro lado del hospital, por la otra punta.
Edificio de estructura simétrica, nos encaminamos hacia allí.
Me sorprendí. Después de putear y putear por querer ver a este hospital como Dios manda y como se merece históricamente, me encontré con una guardia nueva, impecable, limpia y ordenada.

Estas son las cosas que quiero ver. Venimos tan golpeados que ya no importa si alguien se queda con un vuelto, que dejen obras a su paso y que podamos verlas ya es suficiente redención.

Mientras esperaba a Fede que lo estaban atendiendo, se me escapó en voz alta ─¡Qué lindo que está esto!
Uno que estaba esperando sentado al lado mío me retruca ─¡Vamos a ver cuánto dura! ¡ya van a venir a escribir sobre las paredes con fibrones y aerosoles!
─Eduquemos al soberano─ le respondo.
Me mira sin decir más nada.
¡Dios mío!, pensé, ¡por nosotros no apostamos ni una moneda!.

Cuando nos íbamos, me pareció ver al fantasma de Eva, que desde el fondo del pasillo me sonreía tristemente.

©Vero