16 jun. 2009

Vamos a un bar? no gracias.

Es increíble cómo te cambia la vida un decreto pedorra.
Hoy leyendo el diario me desayuno (sin desayunar todavía) que habían cerrado unos 700 bares solamente en la Capital. Ponele 700 dueños más un mozo , dos a lo sumo por bar... suman como 2100 personas que se quedaron sin trabajo y esto si no cuento a los deliverys, a los lavacopas y al cocinero...
Por mi está bien.
Que se vayan todos los dueños de los bares a cagar a la Plaza de Mayo. Dejaron que les rompieran el culo, que se metieran con la idiosincracia de los cafes y bares. Ahí tienen.

Yo colaboré por supuesto, no te digo que en el cierre de todos, pero desde ese decreto en que no te dejaban fumar adentro del boliche y que nos pusieron a los fumadores esas mesitas pedorras en la vereda suponiendo que una en pleno invierno justo va a ir a apoyar el culo en esas sillas congeladas... no pisé nunca más un bar, no tomo café en los bares.

Hice durante años un culto al café. Iba con amigas/os, parientes, novios y maridos ¡incluso con mi suegra! y nos sentábamos a arreglar el mundo y a desarreglarlo también, a pelotudear mirando la calle, a leer libros, a hacer tiempo, a esperar a alguien... Hasta que salió ese puto decreto y me autoexcluí de los bares.
Un café es un café si en el medio lo entreverás con un cigarrillo. Hoy pasás por el microcentro y a los bares les faltan parroquianos, pero debajo de cada edificio, en la entrada ves a montones de oficinistas que sacrificaron el café y prefieren en esos cinco minutos fumarse un cigarrillo...Antes todos nosotros estábamos metidos en el bar... Eran nuestros cinco minutos de gloria entre tanto trajín.

Pero en capital rompieron las bolas con el decreto y ahí tienen: están cerrando.
Parece que somos más los autoexcluídos que las viejas decrépitas que te miran como un violador si prendés un cigarrillo...

¿por qué no se dividieron las aguas? en este bar se fuma, en este no y todos contentos?.. .me quieren sentar justo enfrente de la puerta del baño de los hombres (sector fumadores) o en la vereda...
A mi me cambió la vida, porque ahora tomo café en la oficina o en mi casa o en la casa de alguien, o al cafetero de la plaza que pasa con el carrito, pero de seguro la vida no me cambió tanto como a los dueños de los bares.
Se fundieron? mirá vos!